ESTELA FIGUEROA, SOL DE OTOÑO



Libros al Albur se complace en presentar una breve antología de poemas de la eminente poeta argentina Estela Figueroa, seleccionados de sus libros A capella, Máscaras sueltas y La forastera. Esperamos que con esta humilde aportación el lector español se anime a explorar la obra de la autora, con la convicción de que no quedará decepcionada, sino todo lo contrario, ante sus versos honestos y meditativos, basados en su propia experiencia cotidiana llevada hasta las lindes donde lo más sencillo empieza a cobrar sentido.

17x11 cm. 82 páginas. 15 euros más envío

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TRAGEDIA GRIEGA

A veces la confusión se produce
al elegir un rol equivocado.

Algunos sólo servimos
para estar en el Coro
diciendo parlamentos y canciones
que aclaren las pasiones de la Obra.

Cuando la vanidad,
la euforia o simplemente
la grandeza del tema
nos convierte en actores
paralizados,
olvidamos el texto
quedando en un ridículo silencio.


FIN DE AÑO

El vuelo rasante pasó
la memoria del año que termina.
Pájaros sobre mi cabeza.

Momentos con amigos.
Palabras afectuosas.
Pájaros de ámbar
para el corazón que envejece.

Momentos de soledad.
Pocas palabras escritas.
Pájaros de sangre
en el papel
que venga las heridas.

En el aire enrarecido
un hombre triste como yo
me desveló algunas noches y se fue.
Pájaros del olvido.

¿Qué más? ¿Qué más?
Mis hijas alejándose.
Alejándose.
Por un motivo. Por otro.
Mis brazos: pájaros de ceniza.
La mesa servida como antes
pero con menos comensales.
El “feliz año nuevo” con la copa en alto
hace que todo parezca igual.

Me cuesta sonreír, pero sonrío.
Ninguna fiesta volverá a ser como antes:
pájaros de fuego
cuando la noche sorprendía como un regalo
cuyo envoltorio crujía entre sonrisas niñas
que la luz de mi amor
‒pájaro labo‒
guardaba ávidamente por un año.


LA POBREZA

Eso que parecía oscilar
‒nubre negra sobre tu cabeza‒
ya llegó:
está aquí.
Puebla cada uno de los objetos
de la casa que se deteriora.
Eso que no quise para mí.

¿Qué hacer?
Todavía tengo unos cigarrillos en el atado
y un poco de vino en la botella.

Me aferro a esas pertenencias
como un buitre.



En su Breve historia de la literatura argentina (2006), Martín Prieto menciona a Estela Figueroa junto a un conjunto de escritoras que "entre mediados de los ochenta y la mitad de la década siguiente" logran que "los libros de poesía con firma de mujer dej[e]n de ser una rareza". Me permito incluir en el grupo de los "grandes libros" que selecciona Prieto a Máscaras sueltas de Estela Figueroa. Texto que esboza una poética que se afina en A capella y que encuentra en La forastera su definición más neta. La producción de Figueroa provoca un movimiento, un corrimiento que, más que "revolución" prefiero llamar "revuelta". Un movimiento que crea una forma de inscripción que logra lo que todo poeta desea cuando escribe: firmar sólo con su escritura. Es la forma de apropiación de la lengua la que vuelve reconocible la inscripción de Figueroa sin necesidad de que su nombre esté indicado en la tapa de sus libros o al finalizar sus poemas: es el tono de sus trabajos, la cadencia de sus versos y la forma en que aparece lo coloquial lo que singulariza su poesía, lo que vuelve identificable su escritura sin convertirla por ello en previsible.

Analía Gerbaudo