JOSÉ LUIS TRULLO, ÁRBOL DE NADIE


En Árbol de nadie, el autor traza un mapa imaginario que une los puntos que le separan del foco de luz que le irradia y, al mismo tiempo, ciega. Se trata de un periplo, tras su apariencia erótica, eminentemente espiritual, en el cual la amada ocupa -como en la poesía cortés- el papel de polo magnético que arranca al poeta de su ensimismamiento para abocarla a la experiencia radical de su insuficiencia íntima. El amor como dimensión casi mística cobra en estos poemas un papel relevante, por lo que tiene de abrelatas de la conciencia y, al mismo tiempo, como agua que sacia cuando se admite como horizonte siempre en retroceso y nunca colmado en sí mismo.


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AFINIDAD

Que los afines se busquen sin fin,
se persigan y se encuentren,
pero se queden
a lado y lado del cristal,
subsumidos en su plasma nutricio,
alimentados por su magma
comunicacional.
Que no den un paso
más allá del vidrio,
que no se despeñen por la línea
inclinada de los deseos comunes.
Que no traicionen su simetría
transformándose en igualdad.


RUMBO FIJO

Vas caminando
y el trayecto no importa
y la ruta no existe.
Avanzas
(eso crees) hacia.
No tienes dudas,
no vacilas.
Continúas
con la luz llenándote la boca
con un gato arañándote el talón.


EPÍLOGO EN FORMA DE PRÓLOGO

Y sigues pensando que.
Tendiendo hacia.
Criándolo.
Entre la maleza cobijado.
Protegido bajo cuerda.
Sin motivo. Sin razones.
Como varilla que detecta
la fuente bajo tierra.
Eres de.
Vives en.
Y no hay remedio.



José Luis Trullo (Barcelona, 1967) ha vivido en todo tipo de localidades, desde populosas metrópolis hasta pueblos pequeños al borde del mar. También lo hizo durante meses en Italia, donde pernoctó noche tras noche en el hotel en el que se suicidó Pavese. Desde siempre ha trabajado junto a, con, por, desde y hacia los libros, ya fuera como autor, lector a sueldo, crítico, diseñador, editor, corrector o librero virtual. Ello le ha infundido una forma de vivir alejada de los empujones clásicos de la vida profesional. Ha publicado menos de lo que ha escrito, y escrito menos de lo que ha imaginado. Él, que nació en el Mediterráneo, ahora vive en una ciudad bañada por un río que desemboca en el Atlántico. Es padre desde los 42 años, y ya para siempre.